La historia de Rima

Gracias a sus padrinos españoles de Amigos de Odisha, Rima ha tenido una educación, un modo de vida digno, ha potenciado su autoestima como mujer, valorará la educación de sus hijos y puede vivir un futuro mejor de lo que podría esperarse de su penosa infancia.

Me llamo Rima. Nací en una familia tribal, en un pequeño pueblo cerca de G.Udayagiri (Odisha, India). Tengo un hermano dos años mayor que yo. A los 6 años, mi madre murió de malaria cerebral y mi padre, sintiendo que no podía hacerse cargo de los dos hijos, me dejó en un centro de una ONG local. Mi hermano pronto podría ayudarle en el campo.

Poco a poco me fui acostumbrando al centro, donde encontré amigas de mi edad, una cama con mosquitera, letrinas, grandes platos de arroz con verduras y un médico cuando me ponía enferma. Y también, pude conocer la Escuela.

Un día mi cuidadora me dijo que una familia de España me iba a apadrinar. Yo no entendí muy bien en qué consistía eso pero debía ser bueno porque todas se alegraron. Que me cuidarían desde lejos, me explicaron. E inicié una comunicación por carta con mis padrinos, ayudada por el personal del centro para las traducciones.

Aquí nos levantamos temprano, nos aseamos y limpiamos por turnos las habitaciones. Yo la comparto con 12 chicas más. Después desayunamos y vamos al colegio.  Volvemos para comer y por la tarde tras una breve pausa, empiezan aquí mismo las Clases de Refuerzo y las de Informática.

Cada año se organizan las Competiciones Escolares de todo el Distrito y yo he ganado el primer premio en las pruebas de cálculo y de dicción. Estoy muy orgullosa. Toda mi familia es analfabeta y yo, siendo chica, se leer, escribir y me queda mucho por aprender. Había pensando que al acabar secundaria me gustaría estudiar para ser enfermera.

En el instituto, al terminar décimo, todas debemos examinarnos de la temida reválida. Me he presentado este año y LA HE APROBADO CON MUY BUENA NOTA. No cabía en mi de alegría. Visité a mi familia para dar la buena noticia. Para llegar a mi pueblo, cojo el autobús junto con más chicas de la zona. Mis abuelos siempre se alegran de verme. Pero mi padre, Ay! Tenía otros planes para mi. Se siente mayor y necesita ayuda en casa. Además ha pensado en un chico para casarme y ya lo ha acordado con su familia. En cuanto tenga la edad suficiente me casará.

Debo volver al centro a despedirme de todas mis amigas y cuidadoras. Me darán los ahorros que me han guardado de lo que enviaban mis padrinos y espero que con ellos, si a mi futuro marido le parece bien, pueda iniciar un negocio que ayude en la economía familiar y de paso, ayude también a que él y su familia me respeten.

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