La historia de Sunita

Me enfadé y me enfrenté a él.

Sunita vive en el área de Guntakal, en un pueblo que se llama Dosaluriki. Nos cuenta su historia.

“Me casé en 2007, cuando solo tenía 16 años. Pocos meses después de la boda, mi marido empezó a beber y a reclamarme insistentemente que les pidiera a mis padres más dinero”. La vida con él era difícil. No me daba dinero para comprar comida. Tampoco para pagar las facturas médicas de una operación a la que tuve que someterme. Lo hicieron mis padres, que se endeudaron para ayudarme.

“Un día, cuando ya tenía mi hija mayor, me dijo que si no le traía más dinero, me prostituiría. Me enfadé y me enfrenté a él. Entonces, él me ató y me hizo cortes en el brazo con una navaja. Y me pegó con un palo hasta dejarme inconsciente”,

Mi familia me auspició en muchas ocasiones, pero yo sentía que era mi deber volver a él e intentar que el matrimonio funcionara.

Tras el nacimiento de nuestra segunda hija la situación se agravó. Un día volvió a casa y dijo que iba a venderla. Me peleé con él. Cogió tres litros de queroseno y nos roció a mí y a nuestras hijas. Gritamos fuerte, ¡teníamos tanto miedo! Por suerte los vecinos nos oyeron e intervinieron, llamaron a mis padres y me sacaron de allí. No supe nada más de mi marido hasta que un día vino a pedirme el divorcio.

Ahora trabajo como cuidadora en el centro de discapacidad intelectual que la FVF tiene en Kanekal. Conseguí que mi hija mayor entrara en un internado para estudiar y mi hija pequeña se queda en el pueblo. He sufrido mucho, pero me siento orgullosa de ganarme la vida por mí misma y poder dar estudios a mis hijas.

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